Que no hacer en una primera cita.

El reto consistía en coger una noticia, y basándose en esa noticia, hacer una narración, teniendo en cuenta en qué personaje tenías que focalizarte a la hora de narrarla: la víctima, el culpable, un testigo...

Enlace a la noticia: https://www.elespanol.com/social/20170906/244725693_0.html 


Esta es una historia divertida y caótica sobre una primera cita que empieza muy bien, pero que poco a poco se va complicando por una situación inesperada. Con mucho humor y un toque de vergüenza ajena, el relato muestra cómo a veces, por más que intentemos que todo salga perfecto, las cosas pueden salirse completamente de control.




Que no hacer en una primera cita.


Llevaba hablando con Diego por Tinder durante semanas. Era simpático, tenía sentido del humor y, lo más importante, parecía muy normal. Así que, cuando me invitó a cenar en su casa, acepté con la esperanza de que la noche terminara con final feliz. 

La cena fue bien. Charlamos, reímos y parecimos conectar muy bien, todo parecía ir perfecto, hasta que me llegó la llamada de la naturaleza, la comida de hoy estaba empujando la de ayer, y me veía en la urgencia de ir al baño. Así que me dirigí al baño con total normalidad. Ya sé que en una primera cita nunca se debería hacer eso, pero me veía en la máxima urgencia. Cuando entré en el baño, cerré la puerta con el pestillo y me preparé para hacer lo mío, y cuando terminé, tiré de la cadena,. Pero cuando parecía que el monstruo se había ido, volvió. Así que volví a tirar, y seguía sin irse, en ese momento, en mi cabeza parecía que la caca hubiese cobrado vida, y que hablase conmigo:

  • ¡No me iré!

  • ¡Sí, sí lo harás!

  • ¡No!

  • ¡Que sí!

Entré en pánico. ¡No podía ser la chica que en su primera cita deja un regalo que no lo traga el váter! Miré a mi alrededor buscando una solución y con mi mente privilegiada, tuve la maravillosa idea de coger un poco de papel y envolver el “regalo”. Después de envolverlo, seguía con el mismo problema, pero ahora con una capa de papel, ¿qué hago ahora? Porque no puedo tirarlo a la basura porque olería muy mal, y tampoco puedo salir porque me vería con el “paquete”, y por supuesto que tampoco me lo puedo esconder en el bolso porque me lo dejé en el salón. Así que después de pensar bastante, se me iluminó la bombilla, y tuve otra idea maravillosa. ¿Y si la tiro por la venta?, era una ventana con una apertura por arriba, ósea que haría el efecto rampa y caería hacia abajo, y eso hice, ¿qué podría salir mal?, pues todo. La ventana tenía un doble fondo, en lugar de caerse hacia el jardín, se quedó entre cristal y cristal. Justo en ese momento, Diego picó a la puerta, y dice: “¿Oye, va todo bien?”, y mi increíble respuesta en ese momento fue: “Sí, sí, todo bien, no te preocupes”.  Estaba super estresada en ese momento, hasta que se me volvió a iluminar la bombilla, y tuve otra maravillosa idea, meterme por la apertura de arriba de la ventana, y sacarla con la mano. Me subí con cuidado al borde de la bañera y metí primero un brazo por la apertura de la ventana, intentando alcanzar mi “paquete”. Pero claro, no llegaba. Así que, sin pensarlo mucho, decidí meter la cabeza. Y luego, un hombro. Y cuando quise darme cuenta, ya tenía medio cuerpo dentro. Fue en ese momento cuando supe que la había cagado, nunca mejor dicho. Mis caderas se quedaron atascadas en el marco. Tiré con todas mis fuerzas hacia atrás, pero nada. Empujé con los brazos hacia adelante, pero tampoco. Estaba oficialmente atrapada. Justo en ese momento, Diego volvió a llamar a la puerta.


  • ¿Seguro que estás bien? Es que escucho muchos ruidos

  • Sí, sí, todo bien, solo dame un momento.

Pero la verdad era que no tenía ni idea de cómo salir de ahí sin ayuda. Después de varios intentos inútiles, acepté mi destino. Con la poca dignidad que me quedaba, le pedí ayuda a Diego. Cuando abrió la puerta y me vio metida en la ventana, no sabría como describir su cara

  • ¡Madre mía! ¿Cómo has terminado ahí?

  • Larga historia. Pero ahora mismo lo importante es sacarme de aquí.

Diego intentó tirar de mí, pero fue inútil. Estaba atrapada de verdad. Así que, tras pensarlo unos segundos, tomó la decisión más lógica, aunque más humillante, llamar a los bomberos. Cuando llegaron, los bomberos intentaron no reírse, pero estaba claro que la situación les hacía mucha gracia. Aunque al final, con unas herramientas y mucho esfuerzo, lograron liberarme. Dejándome un trauma para siempre y desinstalando Tinder por una temporada.

 

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